Primæ Noctis - El derecho de pernada

Se dice que el derecho de prima nocte consistía en la costumbre por la cual el señor feudal o los grandes terratenientes y magnates del medioevo, podían yacer con la novia de cualquiera de sus vasallos en la noche de bodas o en la primera noche de desposada, arrogándose por tanto el derecho a desflorarla en el caso que fuera virgen. Respecto de esta práctica, los estudiosos se dividen entre los que aseguran que este hábito estuvo vigente durante la Edad Media –en la que convivían valores impuestos por la cristiandad con algunas costumbres que posteriormente fueron consideradas aberrantes–, y los que aseguran que no fue real, y que no existen pruebas de tales procedimientos, también llamados derecho de pernada. Para decirlo con todas las palabras: el señor podía utilizar a la novia o mujer recién casada vasalla a su antojo, antes que el marido mismo.Si tenemos en cuenta la opinión de los primeros el rey, merced a su potestad, y en pleno ejercicio de su despotismo, exigía a los matrimonios nobles o plebeyos, el mencionado derecho de pernada que los romanos llamaron ius primae noctis, valiéndose de una antigua concepción griega.
El derecho de pernada se presenta, entonces, como un uso y costumbre común en determinados momentos y en ciertos lugares de la Edad Media. El forzamiento de mujeres, especialmente las vírgenes en su noche de bodas, se revela como un privilegio de los poderosos en la institución feudal, que en realidad parece haber encubierto la violación lisa y llana, ya que los nobles imponían el rito del coito con las mujeres, desde una doble situación de poder: como hombres y como amos de sus vasallos.
No hemos encontrado rastros escritos del ius primae noctis en el derecho, aunque es creíble que tal práctica se sustentaba más en el derecho consuetudinario, y ya en los últimos tiempos del siglo XIV este hábito fue causa para la organización de revueltas contra los señores feudales, que es la forma en que los vasallos se opusieron a esa costumbre feudal de la primera noche y el desfloramiento de la doncella recién casada.A media que el derecho de revuelta se generaliza, el derecho de pernada va perdiendo terreno, hasta que aparece la primera expresión en el derecho escrito contra esta costumbre, cuando por la Sentencia de Guadalupe, promulgada para Cataluña por Fernando el Católico en 1486, se mandó abolir los malos usos y otros abusos personales por parte de los poderosos con sus vasallos.Resulta curioso como los malos hábitos tienen esa facilidad para persistir bajo diferentes máscaras a lo largo de la historia. Me pregunto ¿no parece ser el acoso sexual de nuestra era postindustrial y globalizada una versión modernizada de la misma práctica aplicada en otros ámbitos y sin revueltas que se opongan?
Fuente: http://www.cvoyeur.com/blog/200508/380-prima-nocte.html Imagen: Wikipedia
-Malos usos señoriales
-El derecho de pernada pervive

El Arropiero


Nacido en 1943, analfabeto, de escasas luces, hijo de un vendedor de dulces de higo y propenso a enfadarse cuando le brotaban pelillos en el centro del labio superior, porque ello borraba el parecido que creía tener con Cantinflas. Violador bisexual con antecedentes penales; sádico, con ocho muertes probadas, otras catorce investigadas y veintiséis más confesadas por él mismo.
El Arropiero fue detenido a comienzos de 1971 en el Puerto de Santa María por estrangular a su novia, que apareció con los leotardos anudados al cuello. Los policías se encontraron ante un necrófilo, ya que Delgado reconoció que tuvo relaciones sexuales varias veces con el cadáver. Tras la detención empezó a desgranar una secuencia de crímenes terribles perpetrados durante varios años de vagabundeo.
Es el mayor asesino de la historia de la criminología española. Manuel Delgado Villegas "El Arropiero" se declaró autor de cuarenta y ocho muertes. Nunca fue juzgado, ya que se le ingresó en el Psiquiátrico de Carabanchel. Murió hace unos pocos años, ya en libertad, tras beneficiarse de la nueva legislación penal. Nacía a la vida cuando su madre la perdía por traerle al mundo. Era una fría mañana de 1943. El hambre y la miseria de la posguerra inundaban España. Su padre, un honrado trabajador, se ganaba la vida fabricando y vendiendo golosinas caseras hechas con arrope, un líquido dulzón, negruzco y espeso que se hace con higos. De ahí el alias del Arropiero que luego heredaría su tristemente famoso hijo. Al fallecer su esposa dejó la criatura al cuidado de la abuela y marchó a vivir al Puerto de Santa María, donde posteriormente se volvería a casar.Manuel se crió con varios parientes diferentes, que le propinaban frecuentemente palizas que le curtieron el cuerpo y endurecieron el corazón. Acudió a la escuela, pero fue incapaz de aprender a leer y escribir. Era bisexual, mostraba un carácter bastante violento y la promiscuidad empezó a ser su norma de vida. Empezó a gozar de gran estima entre homosexuales y prostitutas, y logró a vivir a su costa. Su "éxito" se debía a que padecía anaspermatismo, es decir, ausencia de eyaculación, por lo que era capaz de practicar repetidos coitos en busca de un orgasmo que no conseguía alcanzar. A los dieciocho años ingresó en la Legión, donde además de iniciarse en el consumo de marihuana, motivo por el que fue sometido a una cura de desintoxicación, comenzó a padecer ataques epilépticos -nunca se supo si fingidos o no- que le sirvió para ser declarado no apto para el servicio militar. A partir de entonces se dedica a recorrer la costa mediterránea ejerciendo la mendicidad, robando en las casas de campo y prostituyéndose. Es detenido en numerosas ocasiones por "la gandula", la famosa ley de vagos y maleantes, más tarde denominada de peligrosidad social. Jamás llegó a ingresar en prisión, dado que las convulsiones neurológicas que escenificaba lo conducían a establecimientos psiquiátricos de los que rápidamente salía.
Contaba 20 años de edad cuando el Arropiero emprende su carrera criminal. Era 1964, hasta entonces los delitos no habían pasado de proxenetismo y paso clandestino de fronteras. Al día siguiente de año nuevo, paseando por la playa de Llorac, en Garraf, localidad de Barcelona, "se le cruzaron los cables"."Vi un hombre dormido apoyado en un muro. Me acerqué a él muy despacio y, con una gruesa piedra que cogí cerca del muro, le di en la cabeza. Cuando vi que estaba muerto, le robé la cartera y el reloj que llevaba en la muñeca. ¡No tenía casi nada y el reloj era malo!".Siete años tardó la justicia en demostrar su culpabilidad, pese a que el cadáver fue descubierto a los diecinueve días del crimen. La víctima, un cocinero, había acudido a la playa desde la ciudad condal para recoger un par de saquitos de arena para la cocina y se recostó a dormir una pequeña siesta de la que jamás despertó. Tres años después de este asesinato volvió a las andadas, ahora en Ibiza.
Poseía el cromosoma XYY, llamado de Lombroso o de la criminalidad.
En un chalet deshabitado de Cam Plana, a cinco kilómetros de la capital, abandonaba el cadáver desnudo de una estudiante francesa que ese día cumplía 21 años. La muchacha había acudido al lugar con un norteamericano y, tras ingerir varias dosis de LSD, éste intentó mantener relaciones sexuales, pero ella se opuso tenazmente. El yanqui, desanimado, abandonó la casa dejando la puerta abierta. La casualidad hizo que el Arropiero le viera salir y, pensando que era un ladrón, intentó imitarle, encontrándose con la hermosa joven dormida. Esta tampoco despertaría.
Las andanzas del "vagabundo de la muerte" continuaban y en un viaje relámpago a la capital de España asesinaba de un golpe de karate al inventor del slogan "Chinchon, anís, plaza y mesón". El cadáver apareció en un recodo del río Tajuña sin pantalones ni calcetines. "Lo maté porque le vi en compañía de una niña a la que trató de violar" fue su excusa.La siguiente víctima, un millonario vicioso. Se trataba de un barcelonés que contrataba regularmente sus servicios por el precio de 300 pesetas la sesión. Se encontraban en la tienda de muebles propiedad de este industrial, escenario habitual de sus reuniones, cuando Manuel le solicitó mil pesetas argumentando que tenía una necesidad urgente. El cliente prometió dárselas al final, pero, concluido el acto, le pagó las 300 de rigor. "Por eso le pegué en el cuello con el canto de la mano y cayó al suelo. Cuando le estaba quitando la cartera se despertó y empezó a insultarme ¡él a mí!, por lo que agarré un sillón, le arranqué una pata y le di con ella en la cabeza". Después lo remató estrangulándolo. Le partió el cuello. No había terminado aún el año 1969 cuando cometió su acto criminal más execrable. Asaltó a una señora de 68 años, propinándole un fuerte golpe. Después la arrojó desde una altura de 10 metros, descendió en su búsqueda y arrastró el cuerpo ensangrentado hasta el interior de un túnel, donde sació su degenerado instinto sexual mientras lentamente la estrangulaba. Horrible acto de necrofilia que volvió a repetir durante las tres noches siguientes.
En septiembre de 1970 decidió trasladarse a vivir al puerto de Santa María con su padre, para ayudarle en la fabricación de arropías y vender golosinas en un carrito por las calles. Pronto hizo amistad con un homosexual, con el que mantuvo secretas relaciones."Fuimos a dar un paseo en moto y cuando íbamos a salir a la carretera general, me acarició. Le dije que se estuviera quieto, pero no me hizo caso. Enfadado, paré y le di un golpe en el cuello, despacio, pero era tan flojo que se cayó y se rompió las gafas. No respiraba bien y me dijo que lo llevara al fresco, junto al río. Allí intentó otra vez tocarme y, sin pensarlo, le solté un golpe más fuerte y cayó al fango, boca abajo e inmóvil". El cadáver fue localizado flotando a 12 kilómetros del lugar del crimen.Durante su estancia en la localidad costera entabló relación con una subnormal, muy conocida por su desmesurada afición a los hombres. Llegó a presentarla a su padre como su novia. "Salimos a dar un paseo y por una veredas fuimos al campo de Galvecito; hacíamos el amor siempre en él sin que nadie nos viera. Lo hicimos, como siempre, de muchas formas, pero me pidió una cosa que me daba asco. Cuando me negué a ello me insultó y me dijo que no era hombre, pues otros se lo habían hecho". La infeliz no se apercibía de que estaba firmando su sentencia de muerte. "Entonces le pegué un golpe, y como no se callaba y me seguía insultando, le puse al cuello los leotardos que se había quitado y apreté hasta que se murió".
Cuando terminó escondió el cuerpo entre unos matorrales y regresó al pueblo. "Volví a estar con ella el lunes, el martes y el miércoles, y hubiera vuelto hoy si no me hubieran detenido. ¡Estaba tan guapa!, ¡La quería tanto! ¿No era mi novia?, ¿Entonces no podía hacer el amor con ella lo mismo que antes?" Fue su argumentación al ser detenido por agentes de la Brigada de Investigación Criminal, el 8 de enero de 1971.
De los cuarenta y ocho asesinatos que se atribuyó -especificó que estuvo a punto de matar a seis personas más para satisfacer su apetito sexual- durante sus siniestras andanzas por Francia, Italia y España, sólo se llegaron a probar ocho, debido a su extrema complejidad, que hubiera precisado la colaboración policial a nivel europeo. Faltaron acusaciones particulares, había pocos testigos. No se llegó a celebrar la vista oral, sino que con base en la Ley de Enjuiciamiento Criminal se emitió un auto de sobreseimiento libre, por el que quedó archivada la causa y se ordenaba su internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario. El de Carabanchel fue su destino, hasta el cierre del mismo hace una década.
En dicho establecimiento fue examinado por expertos psiquiatras de numerosos países y determinaron que se trataba de un peligrosísimo psicópata, a causa de ser poseedor del cromosoma XYY, denominado de Lombroso o de la criminalidad. Los especialistas que estudiaron su caso coincidían en que no se le podía poner en libertad porque "es un criminal nato, un asesino que puede hacer mucho daño siempre, mientras viva". Por su alteración genética carecía de conciencia, de sentido de la culpabilidad, de remordimientos; creía que era normal, incluso cuando asesinaba. Cortocircuitados los sentimientos, lo hacía con la mayor tranquilidad: ni parpadeo, ni aceleración cardiaca, ni gota de sudor.
Describió con la mayor frialdad posible cómo en Roma mató a su patrona porque se había encaprichado de él y, como era demasiado gorda, no podía abrazarla. En París se encaprichó de una joven que pertenecía a una banda de atracadores; como éstos se negaron a admitirlo en el grupo, acribilló a los cuatro con la metralleta de uno de ellos. En la capital francesa, antes de ser expulsado del país por indocumentado, mató a otra chica por chivata, estrangulándola lentamente.
Prosiguió sus correrías por la Costa Azul, asesinando a una dama de unos 40 años que le llevó a su lujoso chalet; ella se empeñó en que durmiera abundante y él, contrariado, le machacó la cabeza con una piedra.
Le robó el dinero y las alhajas. Igual que haría con un hombre que, al verlo dormido en la playa, se ofreció a que lo hiciera en su casa; tras invitarle a cenar, intentó mantener relaciones sexuales con él. Un apretado cable alrededor del cuello del anfitrión puso fin a su "generosidad". Curiosamente "el estrangulador del Puerto" aportó un dato que ayudó a la INTERPOL a cargarle la autoría del crimen. Recordó que, al mantener contacto íntimo con su víctima, se quedó dentro del recto de ésta el vendaje que le cubría el dedo con el que le penetró. El informe del forense establecía que, efectivamente, al hacerle la autopsia se habían encontrado unas gasas en tal lugar.
Durante las dos décadas largas de internamiento fue sometido a tratamientos por diversos expertos. A consecuencia de ello jamás volvió a mostrarse violento con otros enfermos. "En ocasiones ocurre que algún interno se mete con él llamándole estrangulador y, sin violentarse, enseguida me llama y viene a presentar la queja oportuna". Declaraba uno de los jefes del centro de Carabanchel.
Bajito y de extraordinaria fortaleza. Un sujeto enigmático y agresivo, de mente retorcida, sin escrúpulos, en cuyo diccionario no entraban las palabras perdón, piedad o remordimiento, y que alardeaba de sus hazañas delictivas. Se pasaba el día musitando: "Necesito que alguien se acuerde de mí".
Con el paso de los años en el psiquiátrico, su aspecto externo tornó, pese a ser un cuarentón, en el de un anciano de cabello oscuro encanecido, ralo y enmarañado, barba hirsuta, rostro ajado y diabólico, ojos azules como el mar, fríos como el hielo y penetrantes como el acero. Pero su actitud cambió. "No he matado a nadie", susurraba a quien quería escucharle. Como si hubiera olvidado el casi medio centenar de asesinatos de los que alardeaba, describiéndolos con todo detalle en los interrogatorios policiales. Decía que quería curarse, trataba de recuperar la libertad.
Tras el cierre del madrileño psiquiátrico penitenciario de Carabanchel prosiguió su internamiento judicial en el sanatorio alicantino de Foncalen. Con la entrada en vigor del nuevo Código Penal fue puesto en libertad, falleció al poco tiempo debido a su desmedida adicción al tabaco, desarrolló una EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) que acabó con su vida el 2 de febrero de 1998.
Fuente: Escalofrío.com Por Margarita Bernal
-Documental - Caso abierto: Psicópatas, ¿quienes son?
-Documental - El gen del asesino (1/3) (2/3) (3/3)
-Pasajes del terror sobre asesinos famosos en formato Mp3

Los Autos de Fe de la Inquisición

Auto de fe o Acto de fe es una ceremonia de carácter religioso-civil instituida por el Tribunal de la Inquisición en función de la cual las personas condenadas al suplicio del fuego o a otros castigos eran conminadas a hacer públicamente un acto de fe para merecer así el perdón y la salvación de su alma en el otro mundo. Por extensión se llama auto de fe a la acción de destruir objetos mediante el fuego, así un auto de fe de libros equivale a quemarlos en una pira.
Procedimiento
Antes de llegar al escenario donde tenía lugar esta ceremonia, los reos pasaban por un proceso que comprendía una serie de pasos (acusación, sentencia, prisión) hasta llegar al punto final del auto. Tras la acusación de herejía, apostasía, brujería o magia, la persona era juzgada por el Tribunal de la Inquisición y en el caso de encontrarle culpable era encarcelada a la espera del Auto de fe donde les aguardaba la quema o la prisión perpetua, según el delito y según el arrepentimiento que demostraran a lo largo de todo un año (en la mayoría de los casos). Durante ese tiempo de prisión algunos de los acusados podían llegar a arrepentirse para abrazar de nuevo la ortodoxia católica. A estas personas se les llamaba reos reconciliados y se les perdonaba la vida y así se hacía saber el día de la ceremonia. Los acusados y condenados a muerte, ya fuera garrote o quema en la hoguera eran llamados reos relajados.
Procesión y signos externos
Al igual que en una representación teatral, los personajes que participaban en el Auto de fe, vestían de acuerdo con su cometido y categoría. El cortejo que se formaba para llegar hasta el lugar de la representación tenía también sus normas en cuanto al orden y distribución de los participantes. Los reos eran conducidos de madrugada desde la prisión de la Inquisición hasta la capilla del Santo Oficio de donde salía formada toda la procesión. En algunos lugares llamaban a este desfile la procesión de la Cruz Verde por ser esta cruz el símbolo de la Inquisición. La cruz iba a la cabeza de la comitiva enarbolada por el fiscal del Tribunal que solía marchar a caballo. Detrás de él, a pie, caminaban los reos reconciliados portando cirios encendidos en señal de penitencia. A continuación iban los frailes dominicos precediendo a los reos relajados, es decir, a los condenados a muerte. Estos reos iban vestidos con una especie de casulla llamada sambenito, pintada con escenas del infierno, con terribles llamas y figuras de condenados. En la cabeza soportaban la coroza o capirote, una especie de cucurucho también pintado con símbolos infernales, generalmente hecho de cartón, que resultaba grotesco y humillante. Tras ellos iban los llamados familiares de la Inquisición que en algunos escritos figuran como los ojos y los oídos del Santo Oficio y cerraban el cortejo, primero los lanceros a caballo (u otra delegación militar) y después los representantes de las comunidades religiosas existentes en la ciudad. La representación
El destino final de la procesión solía ser la plaza Mayor o cualquier otro espacio amplio. A veces el lugar escogido estaba fuera de la ciudad. Allí se levantaba el escenario donde tenían su sitio cada uno de los protagonistas del Auto, los reos, los personajes de la Corte, las autoridades de la ciudad y las autoridades religiosas. Una barrera separaba este tinglado de la muchedumbre curiosa que se amontonaba para presenciar el espectáculo que consideraba como una fiesta especial. Los relatos en que se describen algunos de estos Autos de fe cuentan que el pueblo madrugaba para “coger sitio” y no perderse ningún detalle.
Cuando llegaban y todos estaban ubicados en su lugar se iba nombrando uno a uno al reo; éste se ponía de pie, escuchaba la acusación y la sentencia correspondiente, que podía ser: Cuando llegaban y todos estaban ubicados en su lugar se iba nombrando uno a uno al reo; éste se ponía de pie, escuchaba la acusación y la sentencia correspondiente, que podía ser:
Confiscación de bienes y muerte en la hoguera
Confiscación de bienes, muerte en garrote y dado a la hoguera
Confiscación de bienes, cárcel y sambenito perpetuos
Muerte en la hoguera
Degradación (para religiosos), muerte en garrote y dado a la hoguera
Degradación, confiscación de bienes, muerte en garrote y dado a la hoguera
Sambenito y cárcel perpetuos
Una vez terminado el acto se trasladaba a los condenados a muerte a otro lugar que solía estar fuera de la ciudad, en algún escampado. Era éste el llamado brasero o quemadero donde se habían levantado tantas piras como sentenciados había. Las descripciones que se conservan cuentan que en la mayoría de los casos el quemadero era tomado como lugar de fiesta con puestos de comidas, tenderetes de todas clases, vendedores ambulantes, aguaderos, saltimbanquis y demás personajes asiduos en ferias y fiestas. Aun así, parece ser que acudía bastante menos gente que a la ceremonia del Auto propiamente dicha. Lo que en un principio pudo ser una ceremonia seria y parca, con el tiempo se fue convirtiendo en algo festivo y más cerca de lo teatral que de lo estrictamente religioso y jurídico.
Fuente: http://enciclopedia.us.es/index.php/Auto_de_fe
-Documental - Los Archivos Secretos de la Inquisición (1/3) (2/3) (3/3)
-Documental - La Inquisición Española
-Instrumentos de Tortura
-Primer Auto de Fe en Valladolid
-"El hereje" de Miguel Delibes
-Valladolid, La Ruta de los Herejes
-Copia de la época. Precioso documento del célebre Auto inquisitorial celebrado en Valladolid el 21 de mayo de 1559
-El Proceso de Carranza

¿Que es un agujero negro?

Para entender lo que es un agujero negro empecemos por una estrella como el Sol. El Sol tiene un diámetro de 1.390.000 kilómetros y una masa 330.000 veces superior a la de la Tierra. Teniendo en cuenta esa masa y la distancia de la superficie al centro se demuestra que cualquier objeto colocado sobre la superficie del Sol estaría sometido a una atracción gravitatoria 28 veces superior a la gravedad terrestre en la superficie.Una estrella corriente conserva su tamaño normal gracias al equilibrio entre una altísima temperatura central, que tiende a expandir la sustancia estelar, y la gigantesca atracción gravitatoria, que tiende a contraerla y estrujarla.Si en un momento dado la temperatura interna desciende, la gravitación se hará dueña de la situación. La estrella comienza a contraerse y a lo largo de ese proceso la estructura atómica del interior se desintegra. En lugar de átomos habrá ahora electrones, protones y neutrones sueltos. La estrella sigue contrayéndose hasta el momento en que la repulsión mutua de los electrones contrarresta cualquier contracción ulterior.La estrella es ahora una «enana blanca». Si una estrella como el Sol sufriera este colapso que conduce al estado de enana blanca, toda su masa quedaría reducida a una esfera de unos 16.000 kilómetros de diámetro, y su gravedad superficial (con la misma masa pero a una distancia mucho menor del centro) sería 210.000 veces superior a la de la Tierra.En determinadas condiciones la atracción gravitatoria se hace demasiado fuerte para ser contrarrestada por la repulsión electrónica. La estrella se contrae de nuevo, obligando a los electrones y protones a combinarse para formar neutrones y forzando también a estos últimos a apelotonarse en estrecho contacto. La estructura neutrónica contrarresta entonces cualquier ulterior contracción y lo que tenemos es una «estrella de neutrones», que podría albergar toda la masa de nuestro sol en una esfera de sólo 16 kilómetros de diámetro. La gravedad superficial sería 210.000.000.000 veces superior a la que tenemos en la Tierra.En ciertas condiciones, la gravitación puede superar incluso la resistencia de la estructura neutrónica. En ese caso ya no hay nada que pueda oponerse al colapso. La estrella puede contraerse hasta un volumen cero y la gravedad superficial aumentar hacia el infinito.Según la teoría de la relatividad, la luz emitida por una estrella pierde algo de su energía al avanzar contra el campo gravitatorio de la estrella. Cuanto más intenso es el campo, tanto mayor es la pérdida de energía, lo cual ha sido comprobado experimentalmente en el espacio y en el laboratorio.La luz emitida por una estrella ordinaria como el Sol pierde muy poca energía. La emitida por una enana blanca, algo más; y la emitida por una estrella de neutrones aún más. A lo largo del proceso de colapso de la estrella de neutrones llega un momento en que la luz que emana de la superficie pierde toda su energía y no puede escapar.Un objeto sometido a una compresión mayor que la de las estrellas de neutrones tendría un campo gravitatorio tan intenso, que cualquier cosa que se aproximara a él quedaría atrapada y no podría volver a salir. Es como si el objeto atrapado hubiera caído en un agujero infinitamente hondo y no cesase nunca de caer. Y como ni siquiera la luz puede escapar, el objeto comprimido será negro. Literalmente, un «agujero negro».Hoy día los astrónomos están buscando pruebas de la existencia de agujeros negros en distintos lugares del universo.
Fuente: www.astromia.com/astronomia/negroagujero.htm
-Documental - Universo de Hawking - Agujeros negros (1/5) (2/5) (3/5) (4/5) (5/5)
-Fin Del Mundo - Agujero negro
-Agujeros Negros by Homer Simpson & Stephen Hawking
-Stephen Hawking

La Guerra de los Seis Días

La Guerra desatada por el control del Canal de Suez dejó una situación en la zona que podía estallar a la menor ocasión. Israel, que había ocupado el Sinaí, accedió a retirar sus tropas a cambio de que Egipto dejara de apoyar las acciones de guerrilla que partían de allí. En su lugar, un cuerpo especial de la ONU se hizo cargo de la administración de la península.
Sin embargo, el Gobierno egipcio, ya decididamente apoyado por la Unión Soviética, continuó ayudando a las distintas facciones guerrilleras que atacaban el estado hebreo. De alguna manera, la presión social no le hubiera permitido hacer otra cosa, dado el ambiente anti-israelí que imperaba en toda la zona.
Mientras, en Siria se había producido un cambio de gobierno que supuso la subida al poder de los sectores más radicales del partido Baas. Pronto empezaron a iniciarse contactos entre ambos países, de cara a formar una coalición que pudiera enfrentarse al poderoso ejercito de Israel. Igualmente intentaron que Jordania, en cuyas manos estaba Jerusalén Este, apoyara la coalición, aunque la respuesta de los jordanos fue más ambigua, sin comprometerse totalmente.
El Gobierno de El Cairo pide en mayo de 1967 la retirada de las fuerzas de la ONU de la Península del Sinaí y, al mismo tiempo, empieza a impedir el paso de los barcos del estado hebreo por el estrecho de Tirán junto con Jordania
La guerra se veía venir y su comienzo no sorprendió a nadie. El 5 de junio, Israel lanza su ofensiva después de que sus radares percibieran la presencia de aviones y tanques egipcios dirigiéndose hacia la frontera común.
Al mando del General Rabin las fuerzas israelíes efectuaron una ofensiva arrolladora. En apenas tres horas la aviación de este país consiguió destruir la mayor parte del arsenal aéreo egipcio, 319 aviones, que ni siquiera pudieron despegar. Sus perdidas fueron nimias, tan sólo 19 aviones.
Esto dejó el terreno franco para el avance de las tropas de tierra, rompiendo las defensas árabes tanto por el sur como por el norte, en la franja de Gaza, donde acabó con los intentos de resistencia de las tropas palestino-egipcias.
Ese mismo día Jordania entra en la guerra. Según se cuenta, el Rey Hussein recibió informes erróneos que indicaban que en el Sinaí el ejercito israelí estaba siendo derrotado y decide sumarse a las hostilidades. Los aviones jordanos comienzan a bombardear las principales ciudades de Israel y, especialmente, Jerusalén.
La reacción israelí fue inmediata y contundente. Empezó a tomar las posiciones jordanas cerca de Belén y al sur de Ramallah y sus aviones bombardearon Amman y Mafraq.
Jerusalén se convirtió en el centro de las operaciones e Israel atacó la ciudad sagrada, cortando la comunicación entre las tropas jordanas allí ubicadas y los efectivos que se encontraban en Samaria.
Ya durante el segundo día de guerra Jordania lanzó un fallido ataque en territorio israelí, debiendo retirarse ante la contraofensiva con la que este respondió. Además, esto provocó que se debilitasen las defensas del país árabe y que los israelíes decidieran penetrar en Jordania, ocupando una amplia franja.
Mientras, en el Sinaí, el ejército avanzaba en dirección al Canal, convergiendo las distintas escuadras que habían penetrado en Egipto.
Ese mismo día fue ocupada Gaza y en Jerusalén Este tuvo lugar una encarnizada batalla, hasta que finalmente el día 7, la Ciudad Vieja de Jerusalén, un símbolo para todos los musulmanes, cayó en poder del ejército hebreo. Junto a ella, también conquistaron Belén y Hebrón, con los jordanos en plena desbandada y sin disparar un solo tiro. Posteriormente, los soldados comenzaron a avanzar hacia Jericó.
Sharm el-Sheik, en la costa del Sinaí, fue ocupada por las fuerzas navales que volvieron a abrir los estrechos de Tirán para permitir la circulación marítima. En pocas horas, toda la península estuvo bajo el poder de Israel, que había demostrado su poderío militar.
Ante la derrota que estaban sufriendo, egipcios y jordanos aceptaron la propuesta de la ONU de un alto el fuego, al que Israel accedió.
Tan sólo quedaba Siria, cuyos únicos movimientos habían sido algunos bombardeos sobre poblados en los Altos del Golán. Al no sufrir ya los ataques de las unidades jordanas y egipcias, Israel se centró en acabar con ese otro foco bélico
Y, de nuevo, el resultado fue fulgurante y la toma de los Altos del Golán estuvo casi completada en muy poco tiempo. Siria, finalmente, tuvo que aceptar también el alto el fuego, cuando ya sus enemigos se dirigían a Damasco.
En solo 6 días, los estados árabes habían sufrido una humillante derrota en manos de Israel. Este se anexionó los territorios conquistados: el Sinaí, la franja de Gaza, Samaria, Judea y los Altos del Golán.
Como es bien visible para cualquiera que siga la evolución de la zona, esto trajo nuevos conflictos que, al día de hoy, parecen no tener un final a la vista.
Fuente: http://www.laguia2000.com/medio-oriente/la-guerra-de-los-seis-dias
-Documental - La Guerra de los Seis Días (1/4) (2/4) (3/4) (4/4)
-Seis Días, una guerra que cambió medio oriente
-Himno de Israel (Hatikva)
-Tambien en este mismo blog

¿Como seria el mundo sin humanos?

El nuevo libro “El mundo sin nosotros” realiza un ejercicio especulativo donde imagina cómo sería un mundo donde el ser humano se ha extinguido. Aquí algunas de las conclusiones obtenidas.
Imagine por un momento que un día se despierta y descubre que es el único habitante de la Tierra. De la noche a la mañana, la totalidad de la humanidad se ha evaporado por arte de magia. Si vive en una ciudad, descubrirá que las calles están vacías, los automóviles detenidos, aunque los ciclos de los semáforos prosigan. Las chimeneas de algunas fábricas en las afueras siguen echando humo, pero ya no hay nadie en su interior. Las luces de emergencia nocturnas siguen vigentes en los edificios de las grandes compañías, hospitales, grandes almacenes? y los paneles luminosos de los anuncios comerciales se encienden y apagan como si nada. Se siente alarmado, presa de una mezcla indefinible de soledad y cosas que funcionan solas. Enciende los interruptores de su casa. Aún hay luz. La nevera funciona. Pero la radio escupe un siseo, sin voces ni música, y lo mismo sucede con la televisión: una carta de ajuste, o simple nieve electrostática.
Y se pregunta: ¿qué va a ocurrir? ¿Persistirá el suministro eléctrico? ¿Hasta cuándo? Intuye que no va a tener problemas en alimentarse; bastará romper las cerraduras de cualquier comercio. ¿Y qué va a suceder dentro de un año?, ¿y de diez? O quizá, en su imaginación, pueda transportarse al futuro, un siglo hacia adelante, o pongamos diez siglos, cientos de miles de años, millones de años. ¿Cómo cambiará el mundo, las ciudades, los animales y el clima? ¿Podría la naturaleza curarse del indudable daño cometido por el hombre? Sin duda, se trata de un experimento de la ecología imposible de realizar. Para encontrar una respuesta, Alan Weismann, profesor de periodismo científico de la Universidad de Arizona y reputado escritor de ensayos científicos en revistas como Discover o The New York Times, decidió consultar con decenas de expertos en ecología, biología de la extinción e ingenieros, y agrupar todas las respuestas en un libro que acaba de ver la luz en Estados Unidos, The world without us (El mundo sin nosotros. Editorial Debate).
Llegará un momento en que los interruptores de la luz no funcionen. La mayoría de las centrales eléctricas tienen sistemas de seguridad que cortan el funcionamiento si detectan que no existe mantenimiento por parte de los seres humanos. Las térmicas que queman carbón o petróleo para producir electricidad serían las primeras en pararse. En cuanto a las centrales hidroeléctricas, una tormenta puede jugar una mala pasada en cualquier momento; las ramas y desperdicios que recibe una presa podrían obstaculizar la salida de agua y la producción eléctrica. Weismann describe el caso de la ciudad de Panamá, donde “los seres humanos controlan la fuerza del caudal del río Chagres para ver cuándo tienen que abrir las esclusas y dejar pasar el agua”. Sin ese control, la electricidad no tardaría en esfumarse. Cuestión de pocos días.
Si usted viviera en una ciudad alimentada por una central nuclear, es posible que consiguiera un poco de tiempo extra de energía, aunque el precio le saldría caro. Sin mantenimiento, una nuclear corta el suministro de electricidad, aunque lo último en dejar de funcionar dentro de su sistema nervioso sería el circuito de agua que refrigera el reactor. La central de Palo Verde, en EE UU, es una de las más modernas, y dispone de generadores diésel capaces de mantener vivo este circuito durante siete días. Después, sin agua que lo enfríe, el reactor se fundiría. Las 441 plantas nucleares que existen en el mundo entrarían, una a una, en piloto automático, y se quemarían, liberando su contenido radiactivo a la atmósfera. Y sólo han transcurrido diez días desde que empezó la pesadilla: ahora, el mundo que antes conocía está a oscuras. Y su aire es mucho más radiactivo.
Con el tiempo, los edificios y las estructuras urbanas tampoco permanecerían impasibles. El gran enemigo, dice Weismann, es el agua. En el caso de la isla de Manhattan, muy rica en fuentes y acuíferos subterráneos, los ingenieros tienen constantemente que bombear agua para que no se inunden los túneles del metro, que quedarían anegados en un par de días. Algo parecido podría ocurrir con Londres, Washington y Nueva York. Aunque Weismann no ha estudiado el caso de Madrid, sin duda el hecho de tener un río como el Manzanares ofrece la posibilidad de que en el futuro se desborde. Con el tiempo, el agua deshace el hormigón. Incluso aunque esté infiltrado por barras de acero o hierro, el agua terminará por oxidarlas. Y un metal oxidado se expande, resquebrajando el hormigón que lo envuelve. No es necesario viajar al futuro para que ocurra. Incluso con mantenimiento e ingenieros, el agua ha ocasionado desastres en infraestructuras imponentes. A principios del pasado agosto, un puente de Mineápolis, en EE UU, se desplomó, con su entramado metálico retorcido, causando la muerte a siete personas. Ya se habían detectado signos de corrosión en la estructura del puente y pérdidas de hormigón, según Weismann.
Transcurrido un año, la ciudad en la que usted vive ya ofrece un aspecto distinto. El pavimento de las calles se ha agrietado, consecuencia del agua infiltrada que en invierno se congela, y se expande cuando vengan tiempos más calurosos (todo el mundo sabe que no se puede meter una botella de agua en el congelador). En esas grietas comienzan a brotar plantas y musgos, y tras unos cuantos años, árboles. ¿De dónde han salido? Las semillas que proceden de árboles como el ailanto un árbol ornamental de crecimiento rápido, bastante común en una ciudad como Nueva York o Madrid no han sido barridas ni retiradas de las calles. Este invasor procedente de China lanza sus raíces a más de cien metros de profundidad, y es capaz de superar con facilidad los veinte metros de altura. El ailanto y otras especies arbóreas se expandirán sin necesidad de jardineros. En la capital española, de acuerdo con Ginés López González, experto del Real Jardín Botánico de Madrid, la falta de riego pondría difícil las cosas a algunos árboles y abriría el camino a otros, como el olmo siberiano, “capaz de nacer entre las grietas de los adoquines y en los muros”.
En cuanto a las casas, el proceso destructivo empieza en los techos, que conectan una pared vertical con otra, y que son los puntos más débiles. En esas uniones golpeará el agua. Las goteras inevitables. “Cualquier persona que se ocupe del mantenimiento de edificios lo sabe”, explica Weismann. En una o dos décadas, la estabilidad de muchos techos estará comprometida. Y acabarán por derrumbarse en 50, puede que en 80 años. Aunque en España muchas cubiertas están hechas con tejas de cerámica, muy resistentes, lo cierto es que las goteras y la gravedad terminarán el trabajo. La mayoría de las casas que antes cobijaban a seres humanos se abrirán a la intemperie para su colonización. En cien años quizá.
Y los edificios más grandes, como los grandes museos, puede que duren un poco más, quizá dos siglos, aunque inevitablemente el agua y la humedad aumentarán en su interior especialmente en los niveles más subterráneos hasta el punto de arruinar la mayoría de las obras de arte, en lo que Weismann califica como “un criadero de insectos”. La humedad y las materias orgánicas son un caldo perfecto para la explosión de las bacterias; pinturas y frescos arruinados, obras de arte, libros, películas sin las personas que se encargan de su cuidado, la inmensa mayoría del arte humano desaparecerá. No es lo mismo preservar las obras del pasado, por muy deterioradas que estén, que dejarlas a la intemperie. Si exceptuamos las cerámicas. Son extraordinariamente resistentes al paso del tiempo. El barro quedaría casi como el único elemento para que el arte sobreviva al tiempo.
La arqueología de las ruinas mayas puede ofrecernos una pista del aspecto que tendrían Madrid o Nueva York con el paso de los siglos; aunque el material del que estaban hechas -piedra natural en la mayoría de los casos- es mucho más resistente que el hormigón o el acero de las casas del siglo XXI. Aún no están claras las causas del desplome de la civilización maya, ocurrido entre los años 800 y 900 antes de Cristo. La selva tropical tardó diez siglos en engullir sus estructuras, pirámides y edificios. Así que es muy posible que ésa sea la visión que ofrezcan nuestras ciudades un milenio después del abandono; edificios resquebrajados, llenos de humedad, plantas, musgos y toda suerte de curiosos moradores, especialmente los insectos.
No tendría que esperar tanto para ver cómo se derrumban algunas de las grandes obras arquitectónicas que suponen un orgullo para los ingenieros; los cálculos indican que la mayoría de los puentes colgantes de EE UU se desplomarían transcurridos apenas 300 años. Si usted pudiera dar un paseo por su ciudad, encontraría árboles creciendo dentro de casas derrumbadas, con nidos en sus copas; los lobos y coyotes patrullarían los barrios urbanos derruidos en busca de presas. Y el cielo estaría dominado por halcones y águilas.
Le asalta una pregunta: ¿qué materiales hechos por humanos podrían aguantar prácticamente intactos? Plásticos y PVC, “hasta que aparezcan microbios capaces de digerirlos”, responde Weismann. Y el bronce, una aleación de metales muy resistente. En esta lista habría que añadir el vidrio convencional -los hallazgos arqueológicos indican que ya se fabricaba a orillas del Nilo hacia el año 1250 antes de Cristo- y su homólogo más sintético, la fibra de vidrio, “un material prácticamente indestructible al estar hecho de arena”.
Algunas de estas sustancias perdurables con la marca humana impresa en ella no van a gustarle. Los elementos radiactivos de los misiles nucleares se liberarían a la atmósfera por culpa de la corrosión acelerada, aunque eso no sucedería hasta transcurridos 5.000 años, pero permanecerían allí mucho más tiempo… Al igual que los contaminantes y los isótopos de las centrales nucleares. El plomo exhalado por el tubo de escape de los coches y depositado en el suelo tardaría unos 35.000 años en disiparse.
Desaparecido el ser humano, ¿tenemos que presumir que el resto de los animales saldría beneficiado? Si se ha catalogado al hombre como el mayor destructor de especies -una peste planetaria para los ecologistas más extremistas-, su extinción definitiva dejaría un mundo de ganadores y perdedores. En opinión de Edward O. Wilson, biólogo de la Universidad de Harvard, los animales domésticos serían los primeros en perder la batalla, una vez evaporados sus protectores humanos. Y desde luego, los cultivos y plantas traídos por la mano humana serían “barridos de la Tierra en uno o dos siglos”, según comentó Wilson a Discover.
Las primeras víctimas nos resultan muy familiares: vacas, toros, bueyes, cerdos, gallinas, cabras, ovejas… Una regresión del ganado doméstico a sus antecesores silvestres parece bastante improbable. El auroch, un toro prehistórico, fue la última forma salvaje, y se extinguió en 1627. Hoy, sus descendientes domesticados apenas tienen capacidad de defensa “Los hemos convertido en máquinas de digerir”, dice Weismann; máquinas que necesitan de la protección de los pastores, las cercas, los vaqueros… Sin humanos, a los carnívoros de todo el mundo les espera un gran festín, como si antes de despedirse les hubiéramos regalado una cantidad inconcebible de filetes gratis.
No existen prácticamente lugares en la Tierra privados de la presencia humana, salvo algunas partes de la Antártida y las cimas de los tepuyes venezolanos. Se trata de montañas que se yerguen en la sabana y en la selva, formaciones de arenisca de 3.600 millones de años que a veces alcanzan más de 2.000 metros de altura, en cuyas cimas presumiblemente han vivido plantas y animales evolucionando de forma aislada. Los tepuyes son un caso excepcional, y algunos nunca han sido hollados por el hombre. Sin embargo, no buscamos una naturaleza primigenia; el experimento consiste en observar si un ecosistema que contuvo seres humanos puede retornar a ser lo que fue.
Uno de ellos es una franja desmilitarizada de terreno de 250 kilómetros de largo por cuatro kilómetros de ancho, que separa las dos Coreas. Fue instaurada en 1953 después de la guerra, y durante más de medio siglo ha permanecido libre de influencia humana, quedando prohibidas las incursiones por ambos ejércitos. Desde el espacio, la zona (conocida en sus siglas inglesas como DMZ) ofrece una visión imponente; al este, el terreno montañoso está forrado de una densa jungla, mientras que en la parte más occidental, los ríos se retuercen en una red compleja formando deltas y marismas.
Técnicamente, después de la firma del armisticio, la zona DMZ sigue estando en guerra vigilada por dos millones de soldados y, paradójicamente, se ha convertido en un paraíso. Se calcula que 20.000 especies de aves migratorias acuden allí a refugiarse; acuden osos y leopardos amur (prácticamente desaparecidos) e incluso se piensa que existen tigres tibetanos, oficialmente extinguidos en Corea. Lo irónico del caso es que si los dos países firmasen la paz, se abriría la puerta a la agricultura y al asentamiento por parte de los coreanos, lo que significaría el fin de este curioso Shangri-La. Aunque es una franja privilegiada, la presión humana a ambos lados sigue al acecho. En un mundo sin personas, de acuerdo con Wilson, depredadores como el leopardo amur y el propio tigre tibetano conocerían una libertad que no sería posible de otra forma, expandiéndose a otros lugares desde este paraíso-prisión llamado DMZ.
Los caballos, de acuerdo con Weismann, sí podrían sobrevivir. Proceden de América del Norte y se extendieron posteriormente a Europa y Asia. La llegada del hombre al continente americano supuso su extinción en estas tierras, pero sus homólogos fueron domesticados posteriormente por los europeos. El caballo fue reintroducido en América con la llegada de los primeros colonizadores españoles. Lo que se ha observado es que, a pesar de su domesticación, estos animales pueden adaptarse fácilmente a la vida salvaje (en Asia ya existen en estado silvestre). Un destino parecido podrían seguir los burros. Los perros, sin embargo, encontrarían una fuerte competición en este mundo pos-humano por parte de los coyotes y los lobos, y aunque no hay que descartar futuros híbridos y cruzamientos, su futuro es incierto. Los gatos, sin embargo, no han sido domesticados completamente. “Incluso con el estómago lleno, comienzan a cazar de inmediato”. Su instinto les permitiría convertirse en formidables competidores de zorrillos y otros pequeños carnívoros.
Entre los perdedores, dos sorpresas: las cucarachas y las ratas. Para las primeras, el clima es un elemento que puede decantar la balanza hacia un lado o hacia otro. Si usted vivía en una ciudad de un clima relativamente frío, como Nueva York, Londres o Estocolmo, los edificios, sin electricidad ni calefacción, dejarán inermes a las cucarachas, que serán pasto fácil para otros depredadores. En otras ciudades de clima más cálido y tropical, la historia podría reescribirse de forma completamente distinta. En cuanto a las ratas, las que infectan las ciudades norteamericanas, las ratas noruegas, vinieron transportadas por los colonos, y prácticamente viven de las sobras que la sociedad humana les deja. En un mundo donde la basura terminará por desaparecer, las ratas podrían ser pasto fácil de aves rapaces, lobos y coyotes. “Pueden esconderse en las alcantarillas, pero si no hay seres humanos no habrá comida y tendrán que subir a la superficie”, dice Weismann. En cuanto a las ratas de campo, se ha comprobado que actualmente compiten con bastante éxito contra sus homólogas urbanas. Sin personas, es probable que encuentren su propio camino.
En un mundo a merced de las tormentas, las inundaciones, los incendios, ¿que sucedería con el clima y los océanos? Al igual que la zona DMZ, en el mar todavía existen Shangri-Las. Uno de ellos es el arrecife Kingman, un paraíso coralino ubicado a 1.600 kilómetros al suroeste de Oahu, en el Pacífico. Allí no vive gente, y de acuerdo con el oceanógrafo Jeremy Jackson, del Instituto Scripps de Investigación Oceanográfica, en una zambullida uno puede ver “hasta veinte o treinta tiburones grises”, acompañados de otros peces de gran tamaño. En la isla de Palmira, que tiene una población que no llega a veinte personas, es difícil percibir el fondo debido a la abundancia de animales. Sin embargo, en otros lugares cercanos, como el atolón de Kiribati -con una población de 5.000 personas-, el pobre aspecto de los corales rodeados de peces minúsculos da una idea del impacto humano y sus consecuencias. El océano del futuro, describe Jackson, es un lugar de aguas pobres en oxígeno, ricas en bacterias y medusas por culpa de los fertilizantes que ahora recibe. Sin seres humanos, los mares dejarían de ser las cloacas del mundo. La mayoría de los grandes depredadores marinos -ahora en declive- se “recuperarían”. Volveríamos a los mares de los tiempos de Colón, cuyas tripulaciones se encontraban a menudo con diez tipos de bestias marinas más grandes que sus carabelas. En el Caribe es posible que usted pudiera orientar su embarcación “por culpa de los sonidos de las tortugas verdes al nadar”, tal como describía el pirata francés Alexandre Olivier Exquemelin a finales del siglo XVII. O, si se tratara del Pacífico, es muy posible que “hordas de voraces tiburones mordieran los remos” de su bote en las aguas de la isla de Navidad, en Kiribati, según el testimonio escrito en 1777 por James Trevenen, el oficial a bordo del barco del Capitán Cook.
El binomio Homo sapiens-océanos tiene mucho que ver con el clima y el calentamiento global. Con las chimeneas apagadas y los coches detenidos, sería como reescribir un nuevo Protocolo de Kioto en su versión más radical: nada de gases de invernadero, emisiones cero. ¿Cuánto tiempo se precisaría para que las concentraciones de dióxido de carbono retornaran a las de la época preindustrial? El mar es el mayor sumidero de este gas, junto con las plantas. Las aguas que están en la superficie son las que absorben CO2, aunque tienen un límite -se van haciendo más ácidas- mientras que se intercambian con las aguas del fondo cada mil años, según los expertos. El mar “tardaría unos mil años en absorber el 80% de todo el exceso de carbono que hemos echado a la atmósfera durante la época industrial”, indica Weismann.
Recuperar íntegramente la atmósfera que respirábamos antes de empezar a quemar carbón -o, en otras palabras, absorber el 20% restante- llevaría unos 300.000 años. No son noticias alentadoras ante un mundo que se replantea en la actualidad cómo luchar contra el calentamiento global frenando en lo posible las emisiones de gases de invernadero.
En este ejercicio de ecología-ficción, usted es testigo de un mundo sin humanos desde su desaparición hasta este momento. ¿Que ocurriría tras millones de años? ¿Encontraría quizá a otro ser inteligente que ocuparía el lugar del hombre? Por su propia naturaleza, la evolución biológica resulta impredecible; al contrario que Hollywood, cuya versión de la evolución rebobinada al revés produce los monos parlantes de El planeta de los simios.
Hoy existen unos 6.600 millones de primates bípedos (el Homo sapiens), un número astronómico respecto a nuestros primos más cercanos, los chimpancés. A principios del siglo XX se estimaba una población en África que rondaba los dos millones de individuos. En la actualidad podrían quedar unos 150.000. Los gorilas no corren mejor suerte (la especie de llanura estaría representada por unos 94.000 individuos, en declive por culpa del Ébola y el furtivismo, y el de montaña no sobrepasaría los 700). Si la presión de miles de millones de seres humanos se evaporase, ¿cómo afectaría a la población de grandes monos? De acuerdo con Weismann, los babuinos podrían tener su buena oportunidad. Según Michael Wilson, director del Centro de Investigación de Campo en Gombe (Tanzania) y reputado primatólogo, estos primates se han adaptado perfectamente al hábitat boscoso como la sabana. Podrían ser los primeros en prosperar, mientras que los chimpancés (perfectos matadores con un éxito en sus cacerías boscosas de hasta un 80%) les seguirían, con el presumible avance de los bosques.
Un planeta Tierra sin seres humanos deja un hálito de cierta nostalgia y tristeza, y no es algo ni mucho menos deseable, concluye Weismann. Al fin y al cabo, el hombre es una parte integral de la naturaleza.
Hay una conclusión inesperada, y es el resurgimiento -y un profundo respeto- de lo que Weismann califica como “los héroes que mantienen nuestra civilización”; una larga lista de operarios, técnicos de mantenimiento de edificios, barrenderos, trabajadores que recogen la basura y que limpian calles, puentes, cristales, y que impiden que el agua penetre en los tejados. En definitiva, personas cuyos empleos no están bien pagados, cuyos trabajos están considerados injustamente como “de perfil bajo”. “Durante mi investigación no necesité hablar con ningún político. En realidad, no nos hacen falta; sin políticos seguiríamos haciendo arte, comercio… Pero sin las personas que mantienen los pavimentos, puentes, túneles de metro… ocurriría un desastre. No tendríamos civilización“.
Fuente: El País de España
-Documental "La tierra sin humanos" (1/9) (2/9) (3/9) (4/9) (5/9) (6/9) (7/9) (8/9) (9/9)
-El mismo documental en inglés subtitulado
-El mismo documental en inglés
-Entrevista a Alan Weisman (1/4) (2/4) (3/4) (4/4)
-Un caso real

Roma no paga a traidores

La presente historia la enmarcamos en el periodo em la cual Roma pretendía hacerse con el dominio de la Peninsula. Los romános luchaban contra Cartago por el control del Mediterraneo, mientras en la otra parte de la peninsula, en la actual Portugal un pueblo autoctono de los iberos, los lusitanos, se enfrentaban al poder de Roma. Lo que hoy es la Peninsula Iberica, era conocida como Iberia por los griegos, mas tarde los romanos la denominarian Hispania, y de aquí a España no hay mas que un paso. Por aquel entonces lo que hoy es Portugal y parte de Extremadura, lo habitaban un pueblo de pastores, los lusitanos, que luchaban contra el poder de Roma, por la simple supervivencia de su forma de vida, de sus tierras y su independencia. No sabemos los motivos exactos, pero el caso es que el pretor románo Galba tendió una trampa a los jefes lusitanos haciendo una escabechina entre ellos. De esta traición nacería un personaje que se haría famoso en toda la Peninsula Iberica; su nombre Viriato (Viriathus). Se dice que nació en Loriga (Portugal) en el 180 A.C. y murió asesinado en el 139 A.C. En la escuela nos enseñarón que Viriato era un pastor lusitano que venció a los romanos en repetidas ocasiones, ciertamente asi debió ser, pero también demostró ser un estratega de primer orden, estableciendo una guerra de guerrillas que unido al conocimiento del terreno, y a la movilidad de sus guereros, permitió vencer uno tras otro a todos los generales romános que le iban enviando. Asi durante el periodo del 147 al 139 antes de Cristo, venció sucesivamente a Cayo Vetilio, Cayo Plancio, Unimanus y Cayo Nigido, todos enviados por Roma para aniquilarlo. Por útlimo Serviliano Cepión llegó a un tratado de paz con Viriato, pero el senado de Roma no quiso ratificarlo y así Marco Pompilio Lenas sobornó a Àudax, Ditalco y Minurus que habian sido enviados por Viriato al campamento rómano para firmar la paz. A la vuelta de los traidores al campamento de Viriato, estos lo matarón mientras dormia. Cuando los asesinos fuerón en busca de la recompensa prometida por Marco Pompilio, el consul Escipión ordenó que fueran ejecutados por traidores, al tiempo que les decia "Roma no paga traidores". Lo que no sabemos es si fuerón ejecutados para ahorrarse el dinero de la traición, por convencimiento militar de que los traidores nunca son de fiar, o por la admiración que los rómanos pudieran sentir por Viriato como adversario militar. No lo sabemos, sencillamente porque la frase aludida es con toda seguridad apócrifa y aunque los acontecimientos bien pudieran desarrollarse de esta manera, la frase que no la historia, es mas literaria que real.
Fuente: http://www.jdiezarnal.com/frasesromanopagatraidores.html
-Documental - Roma Capital de un Imperio
-Pasaje de la Historia en Mp3 sobre Viriato
-Breve video sobre la conquista de Hispania
-Grandes civilizacones: Roma