Se denomina economía de guerra a la que se aplica en momentos históricos de fuertes convulsiones violentas, sean o no conflictos armados, o en periodos de extrema autarquía y que tiene por objeto mantener el funcionamiento de las actividades económicas indispensables para un país, procurar el autoabastecimiento, desincentivar el consumo privado, garantizar la producción de alimentos y controlar la economía nacional desde el Estado.
Entre las actuaciones fundamentales se encuentran:
Control exhaustivo de la política monetaria que evite los procesos de hiperinflación.
Favorecimiento de la autarquía como sistema que evite la dependencia de las importaciones exteriores en productos básicos y material militar.
Medidas de ahorro del consumo energético.
Incentivación de la mano de obra femenina a bajo coste para ocupar los puestos de trabajo de aquellos que se incorporan al ejército.
Cambios en la política agrícola que dirigen los cultivos y la industria transformadora hacia la producción de grano y, en general, cultivos que aporten una alta cantidad de hidratos de carbono.
Aumento de la producción de la industria pesada y de material militar.
Establecimiento de reducciones del consumo privado, que puede incluir el racionamiento a la industria y a las familias.
Para muchos países no beligerantes y cercanos territorial o económicamente a una zona de conflicto armado, la economía de guerra representa una oportunidad de crecimiento y desarrollo al poder incrementar sus exportaciones a los beligerantes, según John F. Pollard se puede hablar de un "efecto de arrastre" que sufren los países más atrasados y que les lleva a una disminución del diferencial de contemporaneidad. Ejemplo de este efecto es el hecho de que durante la Primera Guerra Mundial, los países de la periferia económica redujeron las distancias con los países más avanzados que se encontraban en guerra.
En otros casos, la economía de guerra sustenta procesos de investigación y desarrollo tecnológico que mejoran la capacidad del país, sosteniéndose por algunos economistas que, en algunos casos, éste parece ser el origen real de algunos conflictos.
Un grupo de investigadores evangélicos integrado por expertos turcos y chinos asegura haber localizado la bíblica Arca de Noé en el Monte Ararat, según informó este martes la prensa turca.
A pesar de que los arqueólogos se muestran casi convencidos de que han encontrado la mítica embarcación, de momento no han aportado pruebas que confirmen que se trata del Arca de Noé: "No es 100% seguro que sea el Arca, pero sí pensamos que lo es al 99,9%", indicó Ving en declaraciones a la agencia turca Anadolu.
Uno de los miembros del grupo, el documentalista chino Yang Ving Cing aseguró que han localizado una estructura de madera antigua a una altitud de 4.000 metros en el Ararat, situado al este de Turquía, cerca de la frontera con Irán. Afirma que los restos encontrados tienen una antigüedad de 4.800 años. El explorador es miembro de una organización internacional dedicada a la búsqueda de la mítica embarcación en la que, según la Biblia, Noé y su familia escaparon del Diluvio Universal.
Compartimentos para animales "La estructura del barco tiene muchos compartimentos y eso señala que pueden ser los espacios en los que se ubicaron los animales", indicó. También explicó que ha contactado ya al Gobierno turco para pedir que proteja la zona y poder iniciar las excavaciones y añadió que se solicitará a la Unesco que incluya esta región en su listado de patrimonio de la humanidad. No es la primera vez que grupos de buscadores del Arca aseguran haber localizado la embarcación en el Ararat, la montaña más alta de Turquía, donde la Biblia narra que varó Noé cuando bajaron las aguas del Diluvio Universal. En Hong Kong, donde el pasado año se inauguró la mayor réplica del Arca de Noé del mundo, se exhibe un pedazo de madera petrificada de unos 5.000 años de antigüedad obtenida durante una expedición hongkonesa al Monte Ararat y que algunos creen que pudo haber pertenecido a la verdadera embarcación.
Diluvio Universal Los científicos sí han hallado evidencias de lo que pudo ser el Diluvio Universal. En 2007 un estudio encontró pruebas de que hace más de 8.000 años un inmenso glaciar se derritió en el Atlántico Norte y provocó una subida de hasta 1,4 metros en el nivel del mar. Como consecuencia, el Mar Negro se inundó de agua salada y hubo un gran desplazamiento de población entre los primeros campesinos humanos. Los científicos calculan que se inundaron 72.000 kilómetros cuadrados en 34 años, lo que causó la emigración de 145.000 personas. El episodio pudo transmitirse de generación en generación como el recuerdo de un gran diluvio y pudo dar origen al mito de Noé. En 1999 el oceanógrafo estadounidense Robert Ballard encontró restos geológicos de una gigantesca avenida de aguas que pudo dar lugar al Diluvio Universal y que, según sus cálculos, ocurrió hace entre 7.500 y 6.900 años. Algunos expertos en geología son escépticos respecto a la presencia de los restos del Arca de Noé en Turquía. Aunque hay pruebas geológicas de que hubo inundaciones, no creen posible que una nave haya atracado en una zona tan alta. Otros investigadores apuntan que la palabra "arca" podría ser una alegoría y significar "símbolo de salvamento" en árabe. Además, recuerdan que hay seis emplazamientos en mundo llamados Ararat, como el que se encuentra en la ciudad rusa de Krasnodar, a orillas del Mar Negro.
"¿Hemos llegado ya?" Todos hemos experimentado esa pregunta exasperada procedente de nuestros impacientes compañeros durante un viaje largo. Imagine si el viaje durase seis meses. Solo de ida.
A los cohetes convencionales les lleva seis meses el llegar a Marte. Los tiempos de ida y vuelta pueden llevar alrededor de tres años ya que es requerida una estancia larga en el Planeta Rojo mientras la Tierra y Marte se mueven en sus órbitas para quedarse lo suficientemente cerca y posibilitar el viaje de vuelta.
Pero un excitante proyecto de investigación con fondos de la NASA podría enviar astronautas a Marte seis veces más rápido. La solución propuesta por del Doctor Robert Winglee de la Universidad de Washington suena a ciencia ficción. Una nave espacial viaja sobre un haz de plasma el cual se comprende de gas electrificado y magnetizado, todo el camino de ida y vuelta hacia Marte. El viaje de ida y vuelta podría ser efectuado en unos 90 días usando el sistema de propulsión del Haz de Plasma Magnetizado de Winglee, nombrado Magbeam.
Cómo funciona y de dónde viene
El sistema usaría estaciones espaciales para generar el plasma y proyectarlo hacia una nave espacial. La nave genera su propio campo magnético el cual desvía el haz de plasma. Como el viento que empuja en un paraguas, el desvío del haz de plasma genera una fuerza que propulsa a la nave. Otra estación espacial que orbite en la zona de destino genera un haz para frenar a la nave cuando esta llegue, y para lanzarla en su viaje de vuelta.
Próxima parada, el planeta rojo
Una misión típica a Marte empezaría cuando la Tierra y Marte se aproximen en su punto mas cercano de alineación, con la tierra solo un poco detrás de Marte. Un cohete convencional primero lanza a la nave origen en órbita terrestre. La estación Magbeam proyectaría el haz de plasma a la nave de destino durante unas cuatro horas, dándole el empuje necesario para llegar a Marte. La nave navega hacia Marte en unos 50 días, después de los cuales otra estación lanza otro haz para frenarla.
La nave procede a orbitar Marte y los astronautas descienden para explorar la superficie. Después de 11 días despegan hacia la órbita de Marte donde la estación marciana dispara de nuevo el haz de plasma para acelerar a la nave en su camino de vuelta a la Tierra. Al llegar a la Tierra, la estación en órbita alrededor de esta, lanza el haz de plasma a la nave para capturarla en la órbita terrestre.
Si los problemas se pueden solucionar, el sistema Magbeam ofrecerá varias ventajas: la primera, un viaje rápido reducirá la radiación espacial tan peligrosa para los astronautas. Partículas de alta velocidad del Sol y del espacio interestelar bombardean continuamente cualquier nave que viaje entre los planetas. Sin embargo, esta radiación espacial puede ser desviada por los campos magnéticos planetarios o absorbida por la atmósfera de un planeta. Transportar a los astronautas de un planeta a otro de manera rápida reducirá su exposición a la radiación espacial. La alta velocidad hace que Magbeam sea útil para misiones mas allá de Marte también, "Creemos que sería un buen sistema para transportar cargas hacia Júpiter y mas allá", comentó Winglee.
En marzo de 2002 fuerzas militares canadienses desplegadas en Afganistán consiguieron establecer un mortal récord mundial, al haber abatido a un combatiente afgano que se encontraba a casi 2,5 kilómetros de su enemigo.
Fuentes de la revista Soldiers of Fortune informaron que el soldado, miembro del equipo de francotiradores de elite del Ejército canadiense, consiguió este récord cuando participaba en la Operación Anaconda. El 7 de octubre de 2001 -en respuesta a los ataques terroristas del 11 de Septiembre contra Estados Unidos- las fuerzas militares británicas y estadounidenses iniciaron los ataques aéreos a objetivos militares del régimen talibán, y a campos de entrenamiento de la organización de Osama bin Laden, en Afganistán. Desde entonces, países como Australia y Canadá han enviado personal militar para dar apoyo a los más de tres mil soldados estadounidenses que se encuentran en la base de Bagram. Como parte de la estrategia de la Operación Anaconda, en la que los estadounidenses buscaban efectivos talibanes y miembros de la organización Al Qaeda en el valle de Shah-e-Kot, las fuerzas canadienses aportaron refuerzos. Varias parejas de francotiradores canadienses armados con rifles de grueso calibre se encargaban de cubrir a los soldados estadounidenses durante la operación y, según fuentes no oficiales, mataron a más de una veintena de enemigos con disparos de larga distancia. El disparo acreditado ahora como récord mundial fue realizado a 2.430 metros de distancia del objetivo y superó el que efectuó, hace 35 años durante la guerra de Vietnam, el soldado estadounidense Carlos Hathcock al matar a un enemigo a 2.250 metros.
El tirador canadiense tuvo que efectuar dos disparos. El primero erró el blanco e impactó en una bolsa que el combatiente afgano llevaba en su mano mientras caminaba por una carretera. El Ejército canadiense mantuvo desde el inicio de las operaciones de Afganistán la política de no informar sobre las bajas que sus tropas pudieran causar al enemigo Sin embargo, sí se ha informado oficialmente que cinco de sus hombres que participaron en la Operación Anaconda han sido propuestos por los miembros de las fuerzas estadounidenses para que se les conceda «la Estrella de Bronce» -dos de ellos con las insignias de «valor»- por su intervención en el rescate de decenas de paracaidistas rodeados por fuerzas enemigas. La Estrella de Bronce es una de las condecoraciones más altas concedidas por las fuerzas armadas de los Estados Unidos.
El video
Se observan varias secuencias de francotiradores Canadienses eliminando a francotiradores Talibanes en Afganistán. Estos videos se hicieron a través del telescopio del spooter del francotirador, que está situado a la derecha del otro francotirador. El francotirador Canadiense esta usando un rifle del calibre 50. El cartucho mide 20 cm de largo y el casquillo mide 2,50 cm de diámetro. La bala es de 1,25 cm de diámetro y 3,75 cm de largo. O sea, un pedazo de pepino increible.
Poned atención al inicio del video: el francotirador Talibán está situado en lo alto de un picacho frente a ti, cuando oyes el disparo fíjate bien en lo que sucede. Confirmaron que la distancia a la que estaba el francotirador canadiense del Talibán era de 2.310 metros, lo que supone un nuevo record mundial ya que el anterior record era de 2.250 metros conseguido por el infante de marina de Estados Unidos Carlos Hatchcock en Vietnam en 1967. El Canadiense estaba a 8.500 pies de altura con el valle de por medio y el blanco estaba a 9.000 pies de altura. Los francotiradores Canadienses operan como soporte a la infantería de los Estados Unidos. Este record duró sólo dos días, ya que otro francotirador Canadiense elimino a otro francotirador enemigo a 2.400 metros de distancia. Los francotiradores Canadienses utilizan un rifle táctico McMillan del calibre 50, con acción de cerrojo y con una capacidad de 5 cartuchos en el cargador. El equipo del francotirador esta formado por 3 hombres: el "Shooter" y dos "observadores tácticos" que son como los copilotos en los rallies, le indican al tirador, distancias, inclinación, dirección y velocidad del aire, humedad, temperatura, etc. Cualquier mínima variable puede desviar el proyectil varios metros en estas distancias de kilómetros. Aparte del rifle calibre 50, cuentan con 3 rifles estándar Canadienses C7, uno de ellos con lanza granadas de 203 mm.
“Haka” es el nombre genérico con el que se conoce a cualquier danza maorí, un pueblo indígena formado por los habitantes de Polinesia que se instalaron en Nueva Zelanda. Sin embargo, esta danza ancestral ha llegado hasta nosotros principalmente a través del famoso equipo de rugby de Nueva Zelanda: los “All Blacks”, que han ayudado a que el resto del mundo conozca este elemento de la cultura maorí.
La Haka es una danza de guerra que los guerreros ejecutaban para intimidar al enemigo antes de un combate. Es un baile ancestral en el que “todo el cuerpo debe hablar” por ello los guerreros, además de cantar, dan palmas con las manos y con golpean con los pies en el suelo. Todo el cuerpo combina sus movimientos para expresar el coraje de los guerreros.
La letra de la danza que ejecutan los All Blacks, conocida como “Ka Mate” es la siguiente:
Ka mate, ka mate, Ka ora, ka ora Ka mate, ka mate, Ka ora, ka ora Tēnei te tangata pūhuruhuru Nāna nei i tiki mai whakawhiti te rā Whakawhiti te ra Ā upane, ka upane Ā upane, ka upane Whiti te rā, hī! Que traducido al castellano viene a decir algo así:
¡Muero! ¡Muero! ¡Vivo! ¡Vivo! ¡Muero! ¡Muero! ¡Vivo! ¡Vivo! Este es el hombre peludo (valiente, en la cultura maorí) Que trajo el sol y lo hizo brillar de nuevo Un paso, otro paso Un paso, otro paso ¡El Sol brilla!
A pesar de sus orígenes ancestrales, la “Haka” de los All Blacks. no está exenta de polémica. En 2005, justo antes de un partido contra Sudáfrica, los “All Blacks” aprovecharon para introducir una nueva danza llamada “Kapa o pango” mucho más agresiva, en la que terminaban haciendo un gesto de rebanar el cuello al rival.
La nueva danza fue creada especialmente para los All Blacks, asesorados por un experto en cultura maorí. Mientras en “Ka Mate” la letra es la de una danza guerrera tradicional, en “Kapa o Pango” hace referencia directamente al equipo de rugby. El canto es el siguiente:
Kapa O Pango kia whakawhenua au i ahau! Hī aue, hī! Ko Aotearoa e ngunguru nei! Au, au, aue hā! Ko Kapa O Pango e ngunguru nei! Au, au, aue hā! I āhahā! Ka tū te ihiihi Ka tū te wanawana Ki runga ki te rangi e tū iho nei, tū iho nei, hī! Ponga rā! Kapa O Pango, aue hī! Ponga rā! Kapa O Pango, aue hī, hā!
Cuya traducción es:
All Blacks, dejadme fundirme en un sólo ser con la tierra Esta es mi tierra, que vibra ¡Es mi hora! ¡Mi momento! Esto nos define como All Blacks ¡Es mi hora! ¡Mi momento! Nuestro dominio, Nuestra supremacía triunfará. Y llegará a lo más alto. ¡Helecho Plateado! ¡All Blacks! ¡Helecho Plateado! ¡All Blacks!
Los All Blacks se defendieron de las acusaciones de extrema agresividad vertidas sobre su gesto de “rebanar cuellos” diciendo que dicho gesto tiene un significado muy distinto en la cultura maorí, donde representa la introducción de energía vital en el corazón y los pulmones.
12 de la noche del 09 de Enero de 1959, un fuerte estruendo revienta el silencio y la tranquilidad de un pequeño pueblo sanabrés a modo de una atronadora avalancha de agua, hielo, árboles y barro, que descendía por el cañón a causa de la rotura de una presa construida defectuosamente y que finalmente sembró la tragedia y el dolor a esta orilla del lago, marcando de esta manera tan lamentable el nombre de Ribadelago para toda la eternidad.
Ocurrió en 1959 en Ribadelago, un pequeño pueblo de la provincia de Zamora en la comarca de Sanabria, donde la heladora noche del 9 de Enero, el mal tiempo, la ignorancia, la desidia y las corruptelas, acabaron con la vida de 144 vecinos de los 516 con los que contaba el pueblo por aquel entonces.
Era una gélida noche, la temperatura descendía hasta los 18 grados negativos. 8 Km. cañón arriba, existía una seria preocupación entre los encargados de la presa de la Vega de Tera. Las lluvias torrenciales que habían caído durante todo el día habían llevado al embalse al límite de su capacidad y había que desembalsar agua inmediatamente. Pero había un grave problema. El único modo de llegar hasta la compuerta para poder abrirla era atravesando una estrecha cornisa de hormigón, sin sujeción ni protección alguna, azotada por el viento y el agua y que además se encontraba completamente cubierta de hielo. Y aunque tras varios y arduos esfuerzos se consiguió llegar hasta la compuerta, helada como todo alrededor, no se pudo abrir más que 25 cm. El agua comenzaba a desbordar aunque ese sería el menor de los problemas pues la presa empezó a mostrar todas sus carencias.
La presa en concreto, se construyó en tres años con parones en invierno por la extrema climatología, pero la ignorancia de sus constructores hizo que “olvidaran”, entre parón y parón, hacer algún tipo de anclaje en el hormigón para que en primavera, cuando se reanudaran los trabajos, el hormigón nuevo tuviera donde engancharse. A esto hay que sumar los habituales chanchullos de la época en donde los dineros se iban quedando por el camino, por lo que los materiales usados eran de muy mala calidad y más para la climatología tan límite a la que debían estar expuestos. La gente del pueblo ya lo avisaban (bajito eso sí, porque en aquella época uno no podía quejarse muy alto) aquella presa era una auténtica chapuza y algún día iba a dar un disgusto, efectivamente, así sucedió.
Las extremas temperaturas habían producido fisuras en la pared de granito y hormigón de la presa y esta no pudo resistir el enorme volumen de agua, y como en un gran estallido, la presa reventó. Se produce una brecha de 70 metros de ancho y 30 de alto liberando, en apenas unos instantes, 8.000.000 de metros cúbicos de agua. La estrechez natural del cañón hizo que esa ingente cantidad de agua tomara gran velocidad y altura formando una terrorífica ola de barro, gigantes cascotes de hielo y rocas que cuando alcanzó el pueblo de Ribadelago superaba los más de 9 metros de altura. De las 170 viviendas que lo componían, solo quedaron en pie 25.
Muchos de sus habitantes, al oír el estruendo de la tromba que se avecinaba, buscaron refugio en las zonas altas, en los tejados, en los negrillos (Olmos) y en los montes cercanos, algunos se salvaron aferrados al campanario situado en el centro del pueblo, una torre que servía para convocar a los habitantes a cualquier acontecimiento mediante el lenguaje del toque. Sin embargo, otros, ciegos ante la posibilidad de ver escapar sus pocas posesiones, se empeñaron en salvar enseres y animales.
(40 años mas tarde) “Oiga, perdone, pero me resulta muy familiar su cara –comentó una señora con los ojos brillantes a una persona que trabajaba en su corral- Usted me cogió en brazos y me subió a la torre de Ribadelago aquella maldita noche cuando reventó la presa... ¿recuerda? Yo soy aquella niña... –aquel hombre dejo entonces lo que tenía entre manos, levantó su mirada hacia aquella señora, después de varios minutos de silencio, con un nudo en la garganta, esbozó una leve sonrisa fundiéndose en un abrazo con la mujer... – Si, la recuerdo como si estaría allí ahora mismo, que suerte tuvimos...”
La mayoría de las casas del lado izquierdo del pueblo y sus moradores fueron arrastrados por esta descomunal avalancha, que duró 14 interminables minutos, y que no se frenó hasta llegar al lago natural de Sanabria.
Así informó el NODO
El desastre pudiera haber sido mayor de no absorber el lago el gigantesco caudal del embalse, evitando así que la tragedia se propagase a otros pueblos cercanos. Casi tres metros subió el nivel de su superficie y, a la mañana siguiente, en ella se veían flotar muebles, aperos, escombros y ganado.
“Recuerdo que me bajó mi padre hasta la playa del arenal y el pato, las playas estaban llenas de escombros, árboles destrozados y muchos, muchísimos animales muertos, la Guardia Civil tenía acordonada la zona y no dejaban acceder a nadie para evitar epidemias y por si aparecía en la orilla algún cadáver...”
Murieron 144 personas (casi un tercio de sus habitantes), aunque sólo se recuperaron 28 cuerpos, 116 cuerpos en su mayoría niños jamás se recuperaron. El resto de fallecidos, junto a las ruinas del pueblo de Ribadelago, aún permanecen en el fondo del lago.
Una de las leyendas que mas se comenta, es la de quel guarda de la presa, que fue llamado a trabajar la noche del suceso a sustituir a un compañero suyo que estaba enfermo, el guarda vivía en Ribadelago y se había casado hace muy poco tiempo. De no ser por la caprichosa enfermedad de su compañero, el precoz viudo hubiera corrido aquella noche del 9 de enero, la misma suerte que su esposa.
El escritor Alberto Vazquez-Figeroa, que en aquel entonces se encontraba prestando servicios en el ejercito, fue uno de los encargados del rescate de los cuerpos en el fondo del lago. Comenta en uno de sus libros que aquel suceso fue una de las experiencias mas tremendas de toda su vida,... “fue allí en Ribadelago, donde tuve mi primer encuentro con la muerte y la tragedia, y pasarían muchos años hasta el terremoto de Perú antes de que volviera a tropezarme con un espectáculo tan espeluznante” Al fin se pidió la colaboración de submarinistas voluntarios, y allí nos presentamos los viejos compañeros del "Cruz del Sur"; los hermanos Manglano, Padrol, De la Cueva, Ribera... y los del CRIS: Vidal, Admetlla... Fue, quizás, una de las más tristes y desagradables experiencias de mi vida sumergirnos en un agua a punto de congelación sin trajes de inmersión apropiados, con una visibilidad nula a causa del barro y los detritos, tanteando acá y allá a la búsqueda de cadáveres que se deshacían al tocarlos. Por absurdas razones de índole política, el mando de la operación no había ido a parar a manos de Padrol, Admetlla, o Vidal, submarinistas de experiencia, sino a las de un dentista, ex alumno mío del "Cruz del Sur", donde había obtenido un carnet de tercera clase, que a punto estuvo de aumentar la cuenta de los cadáveres de Ribadelago con algunos de nosotros, a causa de un absoluto desconocimiento de las más elementales reglas de la inmersión. Al pobre Manolo de la Cueva tuvieron que sacarlo inconsciente y a punto de ahogarse, y todo acabó como suelen acabar estas cosas: marchándose cada cual a su casa, asqueado y resentido. Fue ése, quizás, el final de mi vida como submarinista en activo, y coincidió, también, con el final de mi vida como estudiante.
La noticia conmovió a España y al mundo, aunque no fuera ni la primera ni la última de idénticas características. En Ribadelago tan sólo algo era ligeramente distinto: los muertos no podían ser recuperados porque se hallaban aprisionados en el fondo de un lago. Días de espera de los parientes aguardando que el agua devolviera a sus víctimas, pero éstas no volvían, retenidas en el fondo por cables, autos, carretas, vigas, postes de teléfono...
Habitantes de Ribadelago poco después de la tragedia. Foto Archivo Provincial. / Subdelegacion del Gobierno.
Las pérdidas económicas totales se cifraron entonces en más de 87 millones de pesetas, según el informe utilizado en el juicio que se celebró años después en el que no se incluían los costes de limpieza de todos los escombros y reparación de tierras. Tras conocerse la tragedia, llegaron a recaudarse 12 millones de pesetas en donativos, incluso desde Nueva Zelanda, a los que se sumó 1 millón de la recaudación del partido de fútbol jugado por el Real Madrid contra el Fortuna de Dusseldorf Alemán, un millón aportado por el Banco de España y 1,7 millones de pesetas aportados por la Iglesia. La antigua Maternidad provincial de Zamora se habilito como almacén de especies, ropas y enseres. El estado pagó una indemnización de 95.000 pesetas por hombre fallecido, 80.000 pesetas por mujer y 25.000 pesetas por niño. Mencionar también la especial colaboración con los damnificados que tuvieron el club Atlético de Madrid y los Regantes del Río Turia.
Ribadelago fue adoptado por Franco y se encomendó la reconstrucción del pueblo al Ministerio de la Vivienda. Tras varias deliberaciones y debates entre los vecinos sobre el nuevo emplazamiento, surgió el nuevo Ribadelago de Franco, construido entre los años 1959 y 1962 en una zona más sombría que la original y apartada de los pastizales y tierras de cultivo pero más seguro ante otras posibles catástrofes.
Se nombra perito al ingeniero Eduardo T. Miret, en su informe inacabado (fallece el día 21-6-1961) apunta varias causas como posible rotura de la presa; deficiente construcción en los materiales empleados, distintos comportamientos de contracción a muy bajas temperaturas del hormigón y el granito, fisuras en la presa, grandes precipitaciones de agua y nieve el día 8 y 9, los encargados de abrir la compuerta no pueden acceder a ella por el mal tiempo solamente se abre 25 cm. en la tarde del día 8. etc. El juicio sobre la tragedia de Ribadelago se celebró los días 11,12,13,14 y 15 de marzo de 1963 en Zamora. Pero como casi siempre suele ocurrir, los responsables “escurrieron el bulto” y pocas fueron las obligaciones que se depuraron. Moncabril (años mas tarde fue absorbida por Unión Fenosa), la empresa constructora, fue condenada a pagar 19.378.732 de pesetas, pero como muchos de los afectados murieron o emigraron después de la tragedia, gran parte de las indemnizaciones no se pagaron. Además el entonces director de la empresa, dos ingenieros y un perito fueron condenados a un año de prisión menor. Recurrieron la sentencia y fueron absueltos. Esa fue toda la justicia que se hizo.
Fuentes cercanas aseguran que solo un 10% de las ayudas económicas recibidas llegaron a su destino, el resto se perdieron por el camino, al igual que la adjudicación interesada de los hogares en la nueva ubicación de Ribadelago.
Ribadelago de Franco se llama hoy en día Ribadelago Nuevo y en el pueblo viejo, que se reconstruyó en parte, siguen viviendo medio centenar de vecinos.
El robo de cuerpos era el desenterramiento de cadáveres de cementerios para venderlos para disecciones o clases de anatomía en las escuelas de medicina. Quienes practicaban el robo de cuerpos eran llamados a menudo «resurreccionistas».
Antes de que se promulgara la Ley de Anatomía en 1832, los únicos cadáveres que podían usarse para fines anatómicos en el Reino Unido eran los de los condenados a muerte y disección por los tribunales, pero así no se conseguían suficientes cuerpos para las escuelas de medicina y anatomía: en el siglo XIX sólo 55 personas eran condenadas a la horca al año, mientras las escuelas necesitaban unos quinientos. Entonces, se recurrió al robo de cadáveres para obtener cuerpos, de forma que fuese factible estudiar órganos y tejidos.
Robar cadáveres era un delito menor, punible sólo con multas y cárcel, pero no con la muerte. El negocio de la venta de cuerpos era lo suficientemente lucrativo como para asumir el riesgo de ser detenidos, especialmente cuando las autoridades solían desentenderse, al considerar que se trataba de un mal necesario.
El robo de cuerpos se hizo tan común que no era raro que los parientes y hermanos del recién fallecido vigilaran el cuerpo hasta el entierro, y que tras éste vigilasen la tumba para evitar que fuese violada. Los ataúdes de hierro también se usaron con frecuencia, así como proteger las tumbas con un armazón de barras de hierro llamado mortsafe, encontrándose aún algunos bien conservados en la iglesia de Geryfriars (Edimburgo). En los Países Bajos los hospicios acostumbraban a recibir una pequeña parte de las multas que los funerarios pagaban por infringir las leyes sobre enterramientos y revender los cuerpos (normalmente los de aquellos sin familia) a los médicos.
Un método que usaban los ladrones de cuerpos era cavar frente a una tumba reciente, usando una pala de madera (más silenciosa que la metálica). Cuando alcanzaban el ataúd (en Londres las tumbas eran poco profundas), lo rompían, ataban una cuerda alrededor del cadáver y los sacaban tirando. Tenían cuidado de no llevarse joyas o ropas, lo que habría supuesto un delito mayor.
The Lancet informó sobre otro método: se retiraba una porción de césped distante unos cinco o seis metros de la tumba, y desde ahí se cavaba un túnel hasta llegar al ataúd, y el cadáver se sacaba por el túnel. El césped se volvía a colocar en su sitio, de forma que los parientes que vigilaban las tumbas no notasen nada raro. El artículo sugería que el número de ataúdes vacíos descubiertos «prueba más allá de toda duda que, en esta época, el robo de cuerpos era frecuente».
Esta práctica también fue común en otras partes del Imperio, como Canadá, donde las costumbres religiosas, así como la falta de medios de conservación, hacía difícil que los estudiantes de medicina tuviesen un suministro constante de cuerpos frescos. En muchos casos estos estudiantes tenían que recurrir al robo de cuerpos.
Mientras estudiaba en París, Vesalio se acostumbró a robar en los cementerios de la ciudad con sus compañeros estudiantes de anatomía.