Pueblos ocultos en amazonía ecuatoriana se defienden de madereras y petroleras. Indios Taromenanis.


Los pueblos ocultos siguen acosados
La tala ilegal de madera, las actividades petroleras y la acelerada colonización acorralan a etnias como Tagaeri y Taromenane. El Ministerio del Ambiente anunció que creará una comisión para que se respete la zona intangible. Los colonos también piden ayuda y más seguridad.
En el lodo se distinguen huellas de pies descalzos. Para los colonos de Los Reyes, en Orellana, son la evidencia de que los pueblos aislados aún están cerca.
El 10 de agosto pasado, Sandra Zabala y sus hijos Bairon y Tatiana Duche, de 16 y 11 años, fueron atacados por un grupo de personas desnudas, que salieron de entre la espesa vegetación de la zona. Fueron atravesados por lanzas de madera de 3,40 m. que, según el Ministerio del Ambiente, son del clan taromenane.
Los investigadores José Proaño y Paola Colleoni, en su informe sobre la presencia de pueblos no contactados (2008), dicen que en la Amazonia existen dos pueblos: taromenane y tagaeri.
Durante 1960, explican, un grupo de misioneros evangélicos llegó al país y, con el apoyo de las petroleras, buscó “civilizar” a la mayoría de familias huaorani.
“Forzaron a los indígenas a vivir agrupados dentro de una reserva. Los huaorani que se resistieron se internaron en las zonas donde habían vivido desde décadas atrás”. Se trataba del grupo del guerrero huao Tagae -por eso se los denomina tagaeri (gentes de Taga)- y los taromenane, que significa “ no semejante del propio”. Los huaorani los llamaban así, porque aunque tenían las mismas raíces, no eran reconocidos como parte de su clan.
El ataque en Los Reyes causó sorpresa, pues no había registros de su presencia cerca del sitio. “Yo vivo 25 años en estas tierras. Hemos ido a cazar en la selva y nunca los habíamos visto”, dice Gualberto Rodríguez, de la comunidad Los Reyes. “Se supone que vivían en la zona intangible, que está a 10 kilómetros de distancia”, refiere desconcertado.



La zona intangible, de más de 700 000 ha, está ubicada dentro del Parque Nacional Yasuní, entre Orellana y Pastaza. Fueron delimitadas en 2007, para garantizar la subsistencia de los pueblos en aislamiento. Se prohibió todo contacto con los indígenas, pero no se cumple.
Según Soledad Vela, del Plan de Medidas Cautelares para la Protección del Ministerio del Ambiente, estos pueblos son obligados a salir de su tierra.
Ella reconoce que está prohibida la intervención de petroleras y madereras en la zona intangible, pero aún operan allí. Los madereros -dice- entran armados y, cuando se topan con los pueblos en aislamiento, los matan. “Luego, cada vez que ellos ven a un extraño piensan que van a ser agredidos y atacan primero”.
¿Qué haría usted si de pronto llegan a su hogar personas extrañas con armas?, dice Washington Huilca, del Proyecto Pueblos Ancestrales. “Yo me defendería. Igual pasa con estos pueblos y hay que entenderlo”.
Los madereros, según Vela, causan mayor daño. Antes de 2008 no había un control real de la explotación maderera, pero se identificó las rutas de contrabando y se ubicó un puesto de control en el sector de Shiripuno. “Cada semana salían cinco camiones con 500 tablones cada uno. Hoy, el 98% se controla”.
Los madereros buscan especies de árboles como el cedro. De cada árbol, que tiene en promedio 30 años, extraen 100 tablones. Cada tablón se venden en el mercado en USD 20, pero las personas que los talan reciben apenas USD 1.”El negocio es de los grandes empresarios, no del campesino”, comenta Vela.
Aunque los madereros abren más rutas, para evitar ser detectados. Recién se descubrieron campamentos de madereros que llegaron desde Iquitos, Perú.
Esta no es la única presión que soportan los pueblos. Los investigadores y turistas tratan de llegar a sus viviendas para conocerlos.
También está la actividad petrolera. Huilca asegura que los residuos del crudo, no son bien manejados y contaminan los ríos que cruzan por las asentamientos de los no contactados. Los animales que sirven para su alimento la beben y luego las personas enferman. Por eso buscan otros sitios para abastecerse.
Lo mismo ocurre con las molestias que causan la maquinaria. La explosiones durante la búsqueda de crudo y los taladros emiten ruidos que “en la selva son llevados por el viento y llegan a las comunidades, como eco”, comenta Huilca.


La zona intangible está rodeada por petroleras y esto preocupa a los investigadores Proaño y Colleoni. Según ellos, parecería que la implementación de la zona intangible “es una figura que no ayuda a estos pueblos y que la delimitación se hizo con base en las necesidades de las empresas y no de los pueblos”.
Sobre esto, Vela dice que no se puede negar la actividad petrolera, pero que se hará cumplir la Ley. “En el sector de Armadillo, por ejemplo, se frenó la actividad de una petrolera”.
La funcionaria afirma que hay un acuerdo con los huaorani, para cuidar el bosque.Pero se supo que varios huaorani trabajan con los madereros. Marco Enomenga, un líder de la etnia, lo critica. “Puede ser que haya compañeros que lo hagan, pero no todos”.
Lo respalda Juan Andueza, del Vicariato Apostólico de Aguarico. Él cree que las autoridades deben frenar la acelerada colonización de los territorios que hace 40 años eran de los tagaeri y taromenane. “Cada vez están más acorralados. De pronto ellos llegan a un sitio por donde antes caminaban y se dan cuenta que hay carreteras o personas”.
El ataque en Los Reyes ocurrió justo en un camino en construcción. Incluso, aún se pueden observar las huellas de la maquinaria en el lodo de color ladrillo.
El Cabildo de Francisco de Orellana lo abrió para ayudar a las comunidades, a transportar postes de luz. Pero el Ministerio del Ambiente confirmó que no tenía el permiso respectivo y que sancionará a los responsables.
Los colonos piden seguridad
Los padres no permiten que los niños jueguen lejos. Temen que sean raptados o asesinados por los pueblos ocultos. “Estamos preocupados, no sabemos por dónde pueden aparecer”, dice Gonzalo Plazarte, poblador de Dayuma, en Orellana. Él fue esta semana a una cita del Comité de diálogo que se creó tras la muerte de Sandra Zabala y sus hijos.
Acudieron representantes del Gobierno, líderes comunitarios y familiares. Los colonos piden que el Régimen les dé seguridad, incluso pretenden que se abra un camino para delimitar y diferenciar las zonas pobladas de las de los pueblos ocultos. “Que se asigne elementos de la fuerza pública a la zona y que se juzgue a los responsables de la muerte”, decía los habitantes de la zona.
Un funcionario de la Fiscalía, quien pidió la reserva, dijo que no se avanzará en la indagación. “Adónde vamos a mandar las citaciones. No podemos meternos en la selva a tomar las manifestaciones de los no contactados”.
El Comité tiene previsto reunirse mañana para seguir el diálogo. En tanto, la Policía ofreció más patrullas en los poblados.

Testimonio Dabo Enomenga/ un líder huaorani

‘Me da tristeza ver las matanzas’ Hace 30 años mi pueblo cambió. Una indígena llamada Dayuma salió de la selva para vivir con los colonos y luego de un tiempo volvió. Llegó en una avioneta a la selva. El aparato voló muy bajo y escuchamos la voz de Dayuma, que nos habló en nuestra lengua huaorani. Dijo que por favor salgamos para vivir en paz, que era mejor estar con los civilizados. Que ya dejemos de pelear entre nosotros y eso nos pareció correcto. Muchos huaorani salimos, pero otros, cientos, aún viven en el monte y no quieren contactarse. Son los tagaeri y los taromenane, que están en el campo, siempre van de un lugar a otro, ellos también son huaorani, pero decidieron meterse más a la selva. Yo fui el primer militar en la brigada de Selva Pastaza. Tengo en el brazo un tatuaje de recuerdo (un corazón con alas). Fui hasta la guerra con el Perú. Eso era el pasado, ahora quiero paz. Hemos tenido problemas con los colonos, porque invaden nuestro territorio, pero nunca hemos sido responsables de alguna de sus muertes. Cuando yo era como ellos (no contactados) vivía como un tigre que cazaba para comer y peleaba para tener un buen territorio donde haya comida y selva para subsistir. Nuestros abuelos, desde pequeños, nos enseñaron a cuidar el territorio y los ríos con lanzas y a no dejar que entren a dañar la naturaleza. Por defender nuestro hogar entregábamos la vida. Los guerreros no tenemos miedo. Ahora me da tristeza de ver cómo se matan entre los pueblos. Ellos aún defienden la naturaleza. Cuando contaminan los ríos y los madereros se llevan el bosque, ellos están ahí para luchar. Con los petroleros igual, ellos dan una casa o dinero, pero somos los dueños del territorio.

Fuente: http://www.clajadep.lahaine.org/articulo.php?p=9427&more=1&c=1
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